Comentario 2 de Kant

     "La satisfacción referente a lo bello debe depender de la reflexión hecha sobre un objeto, que conduce a un concepto cualquiera (que queda indeterminado), y por tanto, lo bello se distingue también de lo agradable, que descansa todo por completo en la sensación".

    En esta frase queda clara la diferencia entre lo bello y lo agradable. Mientras que el agrado que nos puede causar un objeto es una sensación superficial, la belleza es un concepto más profundo que solo alcanzamos al preguntarnos si realmente nos interesa lo que estamos percibiendo. Un objeto nos resulta bello tras haber reflexionado sobre sus cualidades. Si no podemos comprender el concepto de un objeto, o si simplemente tenemos un mal día y no nos apetece reflexionar sobre él, no llegaremos a descubrir su belleza.

    En el caso del arte, el agrado y la belleza pueden no ir de la mano. Por ejemplo, un lienzo puede contener una escena grotesca que nos resulte realmente desagradable y al mismo tiempo podemos reflexionar sobre la habilidad del pintor para recrear esa escena. Puede ser un cuadro que nos aterrorice al verlo colgado de noche en nuestro dormitorio, pero también encontramos su belleza al comprender la intención del artista y su destreza al pintarlo. Además, existe una tercera sensación: la indiferencia. Podemos escuchar una obra de música contemporánea y que no nos diga nada, que no nos agrade pero que tampoco nos espante. Sin embargo, a través de una escucha más reflexiva o si la podemos complementar con una explicación del compositor, podemos llegar a abrir nuestra mente y percibir la belleza en situaciones que antes no nos planteábamos.

    Esto no significa que todas las obras que escuchemos reflexivamente nos vayan a parecer bellas; puede darse el caso de que comprendamos la intención del autor y que siga sin parecernos interesante. Ahora bien, conocer el concepto que trata de transmitir el artista puede llevarnos a empatizar con su forma de crear y a que nuestra noción de belleza sea mucho más amplia.

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