La amargura de Joseph

 El pobre Joseph se atormentó durante más de un año y meditaba en soledad sobre el paso que quería dar [...] luchaba eternamente con su inclinación y seguía sin poder atreverse en presencia de su padre a llevar a sus labios lo que tenía que confesarle. Se atormentaba días enteros ponderando todo, pero quería y no podía salir del horrible abismo de dudas, sin que todos sus fervientes rezos fructificasen, y esto casi le amargaba el corazón.


La vocación de un músico se sigue cuestionando hoy en día por el poco valor que se le da a los estudios profesionales de música. Así como nadie cuestiona la importancia de formar a un maestro o a un enfermero, la formación de un músico se suele ver como un hobbie, una destreza que se adquiere por gusto pero no se piensa tanto en su valor para la sociedad. En consecuencia, las personas que aspiran a ser músicos profesionales tienen que compaginar su formación musical con otros estudios más "serios" o con un trabajo, para que no se diga que estudian música “y nada más”.


Este desprecio a las carreras de música se debe en parte a la falta de empatía con los músicos profesionales. Como dice Joseph en el relato, la sensación que tiene el público al escuchar una obra y la que tiene el músico profesional son muy diferentes. La percepción de la música cambia cuando uno está detrás del proceso de creación y la exigencia suele ser máxima. Mientras tanto, a una buena parte del público le parecerá que el intérprete tiene un don por naturaleza y que para él es muy fácil hacer música. Nada más lejos de la realidad, que el músico lo haga parecer fácil no significa que no haya un trabajo inmenso detrás que exige muchos años de dedicación. 


Y a pesar de todo el esfuerzo que exige dedicarse a la música, para muchos no deja de ser un mero pasatiempo. Casi cualquier músico es cuestionado si decide que quiere dedicarse únicamente a la música. La única excepción está en aquellos virtuosos que muestran un talento incuestionable para dedicarse a ello. Pero, ¿qué pasaría si en una facultad de magisterio se cuestionara a los alumnos que no muestran un talento innato desde el inicio del curso? ¿Sería justo decirles que pensaran en estudiar algo más por si acaso? ¿No sería más razonable darles la oportunidad de que se dediquen plenamente a ello para desarrollar todo su potencial? Lo mismo debería pasar en la música. 


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