Wagner: Música VS Palabra

Habiendo experimentado que una música no pierde nada de su carácter cuando se le aplican los más diversos textos, se hace evidente por otro lado que la relación de la música con la poesía es absolutamente ilusoria, al quedar confirmado que cuando se escucha una música, no es el pensamiento poético [...] lo que es aprehendido, sino aquello precisamente que ha estimulado al músico a manifestarlo en una tal música. La unión de música y poesía en consecuencia ha de concluir siempre en la subordinación de la última, algo que seguramente sorprendería a nuestros grandes poetas alemanes que intentaron una y otra vez encontrar solución al problema de una unión de las dos artes.


La relación de poder entre la música y la palabra ha sido objeto de debate en muchas ocasiones a lo largo de la historia de la estética musical. En esta ocasión, Wagner opina que la música está por encima de la palabra y que incluso puede prescindir de ella sin perder su significado. Esta opinión también defendida por pensadores como Schopenhauer no siempre coincide con el criterio de otras épocas. Un claro ejemplo es el estilo que muestra Claudio Monteverdi en sus óperas y madrigales de principios del siglo XVII. En estas obras, el autor italiano pone todo el peso en la palabra y procura que la música siempre actúe en favor del texto que ha escogido previamente.

En realidad, la música instrumental aún no gozaba de una gran independencia en la época de Monteverdi, por lo que es lógico que se priorizara el texto y que la música fuera un mero acompañamiento. Sin embargo, en los siguientes dos siglos surgieron nuevos instrumentos y agrupaciones así como diversos géneros musicales que explotaron todo el potencial de la música instrumental, ganando el terreno que hasta ese momento había ocupado la música vocal. En consecuencia, la poesía dejó de ser imprescindible para que una obra musical pudiera expresar una idea concreta y la música programática prosperó con géneros como los poemas sinfónicos o las romanzas sin palabras. Llegado este punto, es natural que Wagner y sus contemporáneos se decantaran por la música pura.

Otro factor que pudo influir en la opinión de Wagner es el hecho de que hay unos idiomas más musicales que otros y existe la opinión general de que el alemán no es uno de los más musicales. Por tanto, la unión de la música con la literatura alemana puede ser menos fructífera que con otras lenguas. De todas formas, tanto la música como la poesía son lenguajes capaces de expresar todo su significado sin depender uno del otro. Por tanto, la forma de unirlos sin que uno perjudique al otro no responde a una fórmula universal sino al criterio del artista para decidir en qué ocasión hay que dar más importancia a la música o a la palabra. Entonces, ¿cuál la decisión más oportuna en cada situación? Podemos tomar como ejemplo a Pauline Viardot, que en algunas de sus canciones opta por un acompañamiento más elaborado para enfatizar el mensaje que transmite el poema (por ejemplo, Hai Luli u otras mélodies sobre poemas rusos) y en otras prefiere un estilo más sencillo para que el oyente centre su atención en el texto (por ejemplo, en las chansons basadas en poemas del siglo XV como Aimez Moi). En conclusión, depende del juicio de cada compositor saber cuándo es mejor aprovechar el potencial de la poesía o el de la música. 


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