Ortega y Gasset: la deshumanización del arte

El romanticismo conquistó muy pronto al «pueblo», para el cual el viejo arte clásico no habia sido nunca cosa entrañable. El enemigo con quien el romanticismo tuvo que pelear fue precisamente una minoria selecta que se había quedado anquilosada en las formas arcaicas del «antiguo régimen» poético. Las obras románticas son la primeras desde la invención de la imprenta que han gozado de grandes tiradas. El romanticismo ha sido por excelencia el estilo popular. Primogénito de la democracia, fue tratado con el mayor mimo por la masa. En cambio, el arte nuevo tiene a la masa en contra suya y la tendrá siempre.


Ortega y Gasset nos explica en este párrafo las razones por las que un estilo musical está más o menos aceptado por la sociedad general. La música del Clasicismo estaba destinada a las elites sociales, pues no todo el mundo podía permitirse la entrada a una sala de conciertos o la suscripción a los conciertos de Mozart. Por tanto, la música clásica estaba limitada a escucharse en grupos selectos y nunca tuvo el objetivo de convertirse en música de masas. Sin embargo, en el romanticismo nos encontramos con un auge de las editoriales musicales y, en consecuencia, con una difusión mucho mayor de la música académica entre la población. Esto se debe a que los editores se encargaron de publicar diversos arreglos y colecciones de piezas de los principales compositores románticos con el fin de que esta música se escuchara en las casas de músicos aficionados. Sin embargo, las corrientes que surgen en el siglo XX están más enfocadas a la élite musical, ya que suelen emplear un lenguaje más complejo y las ideas que quieren transmitir requieren  una mayor compresión. Dicho esto, es normal que estos nuevos estilos sólo triunfen en pequeños grupos intelectuales, pues en un principio no pretenden que cualquier persona los pueda comprender en una sola escucha. 

En la actualidad, está claro que el Romanticismo sigue siendo el estilo predominante en los conciertos de musica clásica, así que la observación de Ortega y Gasset sigue siendo válida. No obstante, otros periodos como la música antigua han resurgido en las últimas décadas y quién sabe si esto también podría suceder con el atonalisimo dentro de varios años. Por tanto, cuanto más avance la historia de la música, más estilos distintos pelearán por atraer al público y más difícil será que la música contemporánea sea el estilo más popular. De hecho, podríamos aventurarnos a afirmar que la nueva música está destinada a quedar en un segundo plano, ya que la tradición musical actual es inmensa y la música contemporánea está obligada a experimentar con nuevos lenguajes. En conclusión, la nueva música quizá no es la que el pueblo merece, pero sí la que necesita.


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