Julius: la defensa de la transgresión

Primero, el arte tiene la obligación de impactarnos de una manera que nos permita descubrir una verdad sobre nosotros mismos, o sobre el mundo, o sobre el propio arte, y un modo de conseguirlo es alejándonos de nuestras ideas preconcebidas, haciendo que lo familiar se vuelva extraño y lo que no se cuestiona, problemático. A esta la llamaremos la "defensa del alejamiento". 



Este argumento que Anthony Julius recoge en su libro es uno de los que se usan para defender que el arte debe romper con lo establecido. Sin embargo, el arte que más consume el público no especializado es el que no crea grandes sorpresas y esto se refleja claramente en la industria musical. La música que más se escucha es la que no suele incomodar, como los géneros que más presencia tienen en los medios (radio, televisión, cine, etc.), es decir, la que no innova y es fácil de entender. Por tanto, el arte innovador sólo llega a prosperar en un círculo de personas especializadas.


Es cierto que el arte contemporáneo debe crear un impacto y hacer que el público reflexione pero hay muchos modos de lograr esto. La innovación debe emplearse para expresar un contenido, no sólo para llamar la atención y saltarse las normas porque sí. La transgresión puede ser necesaria en una sociedad que apenas reacciona a los estímulos, como pudo ser la de la primera mitad del siglo XX durante las grandes guerras. No obstante, esto no está justificado en otras épocas y el arte está cada vez está más aceptado. No significa que el arte no pueda ser desagradable, sino que en todo caso se debe mantener el buen gusto y la excelencia en la creación de obras. Mientras esto suceda y se respeten las grandes obras ya existentes, el arte innovador no tiene por qué ser problemático.



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